Descubriendo el cobertizo
Antes del amanecer, Rocky nos guió hasta un cobertizo apartado, presionando contra la puerta de madera como si insistiera en que revelara sus secretos. “Veamos qué tenemos aquí”, murmuré, empujándola para abrirla, y nuestras linternas cayeron sobre montones de objetos robados. Nuestros ojos se abrieron de par en par, no de asombro, sino de gratitud: Rocky nos había conducido directamente al corazón de todas las desapariciones inexplicables, y su instinto nos había desvelado lo que hacía tiempo que se nos escapaba.

Descubriendo el cobertizo
Identificar al desconocido
Cuando los primeros atisbos de luz matutina tocaron la escena, los murmullos recorrieron nuestro grupo como electricidad cuando un vecino tomó la palabra. “Le he visto antes”, confesaron, con un reconocimiento nítido y claro. “¡Es el anterior dueño de Rocky!” De repente, las piezas empezaron a encajar, aunque la imagen completa seguía estando incompleta. La vida de Rocky, antes envuelta en signos de interrogación, empezaba a revelar una historia de travesuras, confianza equivocada y lealtad indecible.

Identificar al desconocido

