Nunca imaginé que mi corazón pudiera retorcerse de tantas maneras hasta que recibí aquella llamada del refugio: “Jason, hay alguien a quien quizá quieras ver”, me dijo Marla, la directora. Cuando llegué, era Rocky, mi viejo amigo, dos años después de haberlo perdido, que me esperaba en el lugar más inesperado. Cuando entré, sus ojos se iluminaron y su cola se agitó como una bandera al viento; no podía creerlo: allí estaba, mi Rocky. Pero en el momento en que le tendí la mano, hizo algo que dejó a todos completamente boquiabiertos.
Tras años de separación, este perro callejero vuelve a ver a su dueño
El exuberante comportamiento de Rocky
Rocky se quedó inmóvil un momento, me miró fijamente y luego se volvió completamente loco, ladrando y corriendo por la habitación como un torbellino. Todos los del refugio, incluida Marla, parecían atónitos; los perros suelen saludar a sus dueños con un meneo o un abrazo, pero Rocky parecía impulsado por una energía propia imparable. El estruendo de sus patas rebotó en las paredes mientras yo me agachaba, intentando captar su atención. “Rocky, oye, amigo, cálmate”, le llamé, pero fue como si mi voz ni siquiera se oyera.

El comportamiento exuberante de Rocky

