Paseos nerviosos
Sacar a Rocky a pasear se convirtió en una especie de espectáculo. Él guiaba el camino, pero se detenía con frecuencia, con los ojos escrutando el horizonte como si esperara que apareciera alguien. “Tranquilo, chico. Sólo estamos nosotros”, le decía, intentando calmar sus nervios. Meneaba la cola, dispuesto a seguir adelante, pero aquellas pausas lo decían todo. Estaba observando, esperando, y aunque yo aún no podía entenderlo, sabía que necesitaba ver lo que él veía.

Paseos nerviosos
Descubrimiento del callejón
Un día, Rocky dio un giro inesperado, tirando de mí hacia un estrecho callejón cercano al parque. Sus insistentes ladridos rebotaron en las paredes de ladrillo, instándome a seguirle. “¿Qué hay ahí? Pregunté, asomándome a las sombras. No vi nada fuera de lo normal, pero Rocky siguió ladrando, casi rogándome que me fijara. Me acerqué más, dándome cuenta de que podía haberme perdido algo importante, y empecé a sintonizar con las sutiles alertas que seguía dando.

Descubrimiento del callejón

