La intuición de Sarah
En ese momento apareció mi amiga Sarah, correa en mano y su labrador Max. “¡Eh, Jason!”, llamó, al darse cuenta de la urgencia de Rocky. “¿Qué pasa?”, preguntó, picada por la curiosidad. “Rocky cree que hay algo en este callejón”, le expliqué. Sarah se arrodilló junto a Rocky, reflejando su seria concentración. “Echemos un vistazo, ¿verdad, Max?”, dijo, deseosa de ayudar. Juntos, nos inclinamos hacia las sombras, con la esperanza de descubrir el misterio que tenía a Rocky tan nervioso.

La intuición de Sarah
Callejón vacío
Sarah y yo recorrimos el callejón, intentando encontrar lo que Rocky intuía, pero no había nada, sólo un espacio vacío. “No lo entiendo. ¿Por qué está tan alterado? Murmuró Sarah. La determinación de Rocky no vaciló; resopló, claramente convencido de que habíamos pasado por alto algo importante. “No sé qué cree que hay ahí”, admití, pero cuanto más insistía Rocky, más obligada me sentía a desvelar el misterio.

Callejón vacío

