En busca de pistas
Sentado en la alfombra, observé atentamente a Rocky. “¿Qué te pasa, amigo?” Murmuré, frotándole la espalda. Se desplomó a mi lado, con ojos conmovedores pero… preocupados, como si sostuviera un rompecabezas que aún no podía resolver. Le acaricié la cabeza, buscando en aquellos ojos ámbar pistas sobre la vida que había mantenido oculta. Estaba claro que debía prestar mucha atención a lo que Rocky intentaba mostrarme, aunque aún no pudiera comprenderlo del todo.

En busca de pistas
Disturbios en el barrio
Mientras tanto, aumentaban las conversaciones en el vecindario, llenas de inquietud cuando la gente hablaba de ruidos extraños y sombras fugaces en sus patios a horas intempestivas. El cambio en el aire era palpable y, al caer la noche, se había instalado la cautela. “Tú también has notado algo, ¿verdad? Preguntó Paul por encima de la valla una mañana, con el ceño fruncido por la preocupación. “Sí, es inquietante”, respondí, mirando a Rocky, que permanecía rígido, preparado para entrar en acción en cualquier momento.

Disturbios en el barrio

