La curiosidad de Rocky
En cuanto entramos en la pequeña habitación, todo el comportamiento de Rocky cambió, como si estuviera en una misión secreta. Su olfato le llevó directamente a un cajón, empujándolo insistentemente hasta que sonó en sus guías. “¿Qué has encontrado ahí, colega? Le pregunté, sonriendo ante su determinación. No se detuvo, con los ojos clavados en el cajón, empujándolo con una concentración inquebrantable, como si contuviera algún tesoro oculto que sólo él pudiera intuir.

La curiosidad de Rocky
Un tesoro secreto
Me picó la curiosidad y abrí el cajón para encontrar un viejo juguete que Rocky había adorado. Me asaltaron recuerdos de tardes perezosas y tardes juguetonas. “Vaya, mira esto”, me reí, levantando el juguete familiar. Rocky levantó las orejas y sus ojos brillaron al reconocerlo. “Te acuerdas de esto, ¿verdad? Dije, lanzándoselo suavemente, y él lo cogió con pura excitación, moviendo la cola furiosamente por la alegría redescubierta.

Un tesoro secreto

