Un sonido conocido
Cuando nos acercábamos al parque, un ladrido atravesó el aire fresco del atardecer, y Rocky casi se quedó inmóvil, con las orejas aguzadas por la curiosidad. Sentí su excitación y, por primera vez en nuestro paseo, movió la cola con auténtico entusiasmo. “¿Has oído eso, colega? Pregunté, aunque su bufido divertido ya me había respondido. Un destello de reconocimiento brilló en sus ojos, atrayéndole hacia el ladrido familiar que resonaba en el parque.

Un sonido bien conocido
Tirón intenso
Sin vacilar, Rocky tiró de la correa, ansioso por llegar al parque. Su anterior cautela se convirtió en pura excitación cuando sus patas golpearon el pavimento. “¡Vaya, chico tranquilo!” Me reí, trotando para seguirle el ritmo. El parque parecía encerrar una promesa -o un recuerdo- a la que no podía resistirse. Volvía a parecer un cachorro, lleno de vida y energía, moviendo la cola con renovado entusiasmo, como si la bruma de su pasado nos llamara hacia delante.

Tirón intenso

